jueves, 3 de junio de 2010

Fumar por voluntad propia

La cualidad más importante en el ser humano y la que define sus aptitudes para sobrevivir reside en la voluntad.

¿Cuantos han querido dejar de fumar y no lo han conseguido? Muchos, la mayoría de fumadores que lo han pensado alguna vez. Pero sabemos de otros que sí lo han conseguido incluso fumando más que los que no lo consiguieron.

Vivimos en una sociedad de adictos. Al sexo, al dinero, al poder, a la bebida, al tabaco, al consumo, a la televisión, a Internet, al juego…interminable la lista de adicciones.

Reflexionar sobre lo que hacemos de forma continuada y compulsiva nos permitiría una mayor conciencia de nuestras posibilidades como seres humanos.

Esa lista de adicciones que enumeraba, de por sí no son hábitos dañinos, al contrario, son placeres que nos estimulan y nos permiten vivir mejor. Siempre y cuando decidamos cuándo queremos hacerlo, que no seamos impulsados por la ansiedad y el malestar al no hacerlo.

Yo suelo fumar dos cigarros al año, son momentos inolvidables. El bienestar de esos momentos perdura semanas sin necesidad de repetir ese acto. Me siento libre de poder escoger cuándo, o rechazar un impulso por el simple placer de decidir y conseguirlo.

La consecuencia de los adictos es que culpan a los demás de su adicción, huyendo de su debilidad se hacen fuertes contra los demás. La adicción vuelve irritables a esas personas, todo les parece mal, todos son malos, se sienten marginados y acusan a los que creen ganadores.

Es lamentable que se tengan que legislar comportamientos tan de sentido común que forman parte de la convivencia diaria.

Fumar en espacios públicos cerrados ignorando que se está perjudicando a los que no fuman demuestra una falta de respeto incuestionable.

En el lejano oriente los chinos tienen la costumbre de escupir en el suelo, he sido testigo de ello al verlo en una terraza de una cafetería, para ellos es normal, y quizá tendríamos que regular espacios para escupidores y para los que no lo son y contentar así a la estupidez humana. Volveríamos a las escupideras de los masticadores de tabaco en el lejano oeste.




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